Características humanas ruso

ESTRUCTURALISMO Enfoque de las ciencias humanas que creció hasta convertirse en uno de los métodos más utilizados para analizar la cultura y la sociedad. Características El hombre es objeto en la historia. La razón fundamental no es el sujeto sino la estructura; la relación. Lecciónes: Ruso - Español. Free online language games and courses. Vocabulary increase. Play and learn. Travel to USA, Britain, America, Europe, Asia, Africa, and ... Forma de Gobierno. República federal semiparlamentaria. Código País. RU, RUS. Nombre en Inglés. Russian Federation El bloguero ruso Raymond Saint ha publicado en su página de LiveJournal una lista de curiosidades sobre Rusia que llaman la atención a los extranjeros. Les mostramos las 25 más representativas. El formalismo ruso fue una influyente escuela de la crítica literaria en la Rusia de los años 1910 a 1930. Se incluye el trabajo de una serie de estudiosos rusos y soviéticos de gran influencia (Viktor Shklovsky, Yuri Tinianov, Boris Eichenbaum, Roman Jakobson, y Grigory Vinokur) que revolucionó la crítica literaria entre 1914 y 1930 mediante el establecimiento de… Debemos imitar el ejemplo de Jesús. Por eso, esforcémonos por desarrollar ocho cualidades que él manifestó. En el siglo XIX, la antropología clásica, debido a sus limitaciones propias, definía a una población como 'blanca-caucásica', en base a las características físicas como variaciones en la forma, el tamaño y el color de los ojos (azules, pardos, verdes, y cafés) y en la coloración del pelo (blondismo, rutilismo o diversas coloraciones ... Los rasgos que identifican a la mayoría de los habitantes de la Federación de Rusia no son muy claros de precisar. Y es que cada una de las características de esta particular fisonomía es producto de un proceso que se ha gestado durante miles de años y en la que han participado diversos pueblos provenientes de distintos puntos de la tierra. Las características principales del sustantivo son: Género: masculino, femenino y neutro; se determinan por la desinencia. Número: singular y plural ; se determinan por la desinencia. Caso: el sustantivo ruso se declina, tiene 6 casos. Son masculinos los sustantivos terminados en: consonante – студе ́ нт estudiante-й – музе ... Человеческие качества 1 - Características Humanas 1 Detalles del lección (Ruso - Español). Free language games. Vocabulary increase. Как ...

El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.04 23:32 ShaunaDorothy Día Internacional de la Mujer, conmemoración proletaria (Febrero de 2013)

https://archive.is/LALZN
Espartaco No. 37 Febrero de 2013
Día Internacional de la Mujer, conmemoración proletaria
(Mujer y Revolución)
En conmemoración del Día Internacional de la Mujer, publicamos a continuación un artículo sobre los orígenes de este día de lucha proletaria. El artículo apareció originalmente en inglés en Women and Revolution No. 8 (primavera de 1975) y posteriormente fue publicado en español en Spartacist (Edición en español) No. 16 (marzo de 1985). La siguiente traducción incluye algunas correcciones mínimas.
Women and Revolution (W&R) comenzó en 1971 como la publicación de círculos femeniles, que incluían hombres, iniciados por la Spartacist League para intervenir con un programa marxista revolucionario en el movimiento radical femenil de la Nueva Izquierda. En 1973, W&R se convirtió en el periódico de la Comisión para el Trabajo entre las Mujeres del Comité Central de la Spartacist League, en el entendimiento de que la lucha por la liberación de la mujer era el trabajo de la vanguardia revolucionaria en su conjunto. Basados particularmente en nuestra valoración del trabajo de la Internacional Comunista de Lenin y Trotsky, sostenemos la necesidad de forjar grupos femeniles del partido de vanguardia, con el fin de extender su influencia entre capas más amplias de mujeres de la clase obrera y de sectores minoritarios, y así acercarlas al movimiento revolucionario.
En Spartacist, órgano de la Liga Comunista Internacional, así como en las prensas seccionales de la LCI, aparecen páginas de Mujer y Revolución. El contenido de estas páginas refleja el entendimiento marxista y materialista de que la opresión de la mujer está arraigada en la división de la sociedad en clases. Buscamos analizar y escribir acerca de diferentes cuestiones sociales, desde la sexualidad humana y la cultura, hasta la degradación aguda de la mujer en países de desarrollo capitalista atrasado, en los cuales la lucha por los derechos de las mujeres es una fuerza motriz de la lucha revolucionaria.
Los feministas burgueses pueden celebrarlo, pero el 8 de marzo —Día Internacional de la Mujer— es una conmemoración obrera. Se originó en 1908, en el Lower East Side de Manhattan, Nueva York, en una marcha de obreras textiles bajo las consignas: “por la jornada de ocho horas”, “alto al trabajo infantil”, e “igualdad de voto para la mujer”, y fue oficialmente adoptado por la Segunda Internacional en 1911.
El Día Internacional de la Mujer fue celebrado por primera vez en Rusia en 1913, cuando fue ampliamente promovido desde las páginas del periódico bolchevique Pravda y mediante discursos en numerosos círculos y sociedades controlados por organizaciones bolcheviques, que presentaban el análisis marxista de la opresión de la mujer y el programa para su emancipación.
Al año siguiente, los bolcheviques no sólo promovieron el Día Internacional de la Mujer en las páginas de Pravda (publicada en ese entonces bajo el nombre Put’ Pravdy), sino que prepararon la publicación de una revista especial sobre las cuestiones de la liberación de la mujer en Rusia y el mundo. Se llamaba Rabotnitsa (Obrera) y su primer número estaba programado para el Día Internacional de la Mujer de 1914 (“How the Bolsheviks Organized Working Women: History of the Journal Rabotnitsa” [Cómo organizaban los bolcheviques a las obreras: Historia del periódico Rabotnitsa], Women and Revolution No. 4, otoño de 1973).
Los preparativos para la celebración fueron llevados a cabo en condiciones peligrosísimas. Poco antes del esperado día, todo el consejo de redacción de Rabotnitsa —con una excepción—, así como otros bolcheviques que habían agitado por el Día Internacional de la Mujer en las fábricas de San Petersburgo, fueron arrestados por la policía zarista. Sin embargo, a pesar de los arrestos, los bolcheviques continuaron los preparativos. Anna Elizarova —hermana de Lenin y la única miembro del consejo editorial que evitó ser arrestada— publicó, por sí sola, el primer número de Rabotnitsa el 8 de marzo (o, según el antiguo calendario ruso, el 23 de febrero) como estaba programado. Clara Zetkin, dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán y del movimiento internacional de obreras, escribió:
“Saludos por su valerosa decisión de organizar la celebración del Día de la Mujer, felicitaciones por no perder el ánimo y no querer quedarse sentadas con los brazos cruzados. Estamos con Uds. en corazón y en espíritu. Ustedes y su movimiento serán recordados en numerosas reuniones organizadas por el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Hungría y América”.
—citado en A. Artiukhina, “Proidennyi Put’ ”, Zhenshchina v revoliutsii
Pero la celebración más importante en la historia del Día Internacional de la Mujer ocurrió en Petrogrado, el 8 de marzo de 1917, cuando obreras textiles de esa ciudad iniciaron una huelga de más de 90 mil obreros. Esta huelga marcó el fin de los 300 años de vida de la dinastía Romanov y el comienzo de la Revolución Rusa. Una semana más tarde, un editorial de Pravda comentaba:
“El primer día de la revolución: ése es el Día de la Mujer, el día de la Internacional de las Obreras. ¡Viva la Internacional! Las mujeres fueron las primeras en marchar por las calles de Petrogrado en su día”.
Con la degeneración en la situación de la mujer soviética bajo Stalin y sus sucesores, como parte de la degeneración de todo el estado obrero soviético, el Día Internacional de la Mujer fue transformado. De día de solidaridad proletaria internacional, se convirtió en una celebración ritual de glorificación del papel tradicional de la mujer en la familia, similar al Día de la Madre.
Pero el Día Internacional de la Mujer no es ni una celebración de la maternidad ni de la hermandad feminista burguesa; omitir este hecho es desconocer las características más importantes de su historia y su objetivo, el cual fue fortalecer las filas del proletariado revolucionario. A diferencia de los mencheviques de principios del siglo que buscaban conciliar a los feministas de sus días limitando la celebración del Día Internacional de la Mujer sólo a las mujeres, los bolcheviques insistían que fuera una conmemoración para la mujer y el hombre trabajadores juntos, en lucha. Como escribió Nadezhda Krúpskaya en el artículo de portada del primer número de Rabotnitsa:
“Lo que une a la obrera y al obrero es más fuerte que lo que los divide. Los une su falta de derechos, sus necesidades comunes, su situación común, que es en lucha, y su meta común... La solidaridad entre obreros y obreras, la actividad conjunta, una meta conjunta, un camino conjunto hacia esa meta: tal es la solución de la cuestión ‘de la mujer’ para los obreros”.
Hoy el programa bolchevique para la emancipación total de la mujer lo levanta y defiende la Spartacist League. Publicamos con orgullo la verdadera historia del Día Internacional de la Mujer, parte de nuestro legado histórico revolucionario, y lo celebramos presentando en charlas públicas en todo el país el análisis marxista de la opresión de la mujer y el programa y estrategia para aplastarla.
Conforme profundizamos nuestra influencia en la clase obrera, esperamos celebrar un Día Internacional de la Mujer en el futuro no sólo mediante la difusión de propaganda sino también iniciando todo el espectro de actividades tradicionalmente asociadas con esta conmemoración proletaria: huelgas generales, insurrecciones, ¡revoluciones!
¡Por una sección femenil de una IV Internacional renacida!
¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución proletaria internacional!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/37/mujer.html
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2016.05.24 13:11 ShaunaDorothy Contra el "tortillazo" de Calderón y los consorcios maiceros: ¡Abajo el TLC! ¡Expropiar a los magnates del maíz! ¡Por movilizaciones obreras contra el hambre y la represión! (2 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/nUykZ
La revolución permanente y la defensa de la industria energética nacionalizada
México presenta un desarrollo desigual y combinado del capitalismo, en donde las técnicas más modernas de producción industrial conviven con el atraso ancestral del campo. La burguesía de los países subyugados por el imperialismo es incapaz siquiera de llevar a cabo tareas democrático-burguesas, tales como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política, históricamente asociadas con las revoluciones burguesas como la francesa de 1789. El revolucionario ruso León Trotsky describió la debilidad de esta clase:
“…la presión del imperialismo extranjero altera y distorsiona tanto la estructura económica y política de esos países que la burguesía nacional (aun en los países políticamente independientes de Sudamérica) no alcanza más que parcialmente el nivel de clase dominante. La presión del imperialismo en los países atrasados no cambia, es verdad, su carácter social básico, ya que opresor y oprimido no representan más que diferentes grados de desarrollo de una misma sociedad burguesa… La burguesía de los países coloniales y semicoloniales es una clase semioprimida, semidominante...”
—“Simultáneamente clase dominante y oprimida” (1937)
Los espartaquistas nos basamos en la perspectiva de la revolución permanente desarrollada por Trotsky y vindicada en la práctica por la Revolución Rusa de 1917. El cumplimiento cabal de las tareas democrático-burguesas sólo es posible, en nuestra época, bajo el dominio del proletariado. Pero, una vez en el poder, la clase obrera no podrá reducirse a la consecución de estas tareas, sino que pasaría inmediatamente a las tareas socialistas, colectivistas, de la revolución. De esta forma adquiere la revolución su carácter permanente. Así, las sentidas demandas democrático-burguesas de la población se convierten en una fuerza motriz de la revolución socialista.
Nos oponemos al TLC y defendemos la industria energética nacionalizada —especial pero no únicamente el petróleo— como medidas elementales de autodefensa de un país semicolonial contra los imperialistas. Las nacionalizaciones del sector energético fueron una conquista crucial para este país. Como grandes capas de la población se dan perfecta cuenta, la privatización del petróleo significaría incluso una mayor subyugación por parte de los imperialistas, en particular los estadounidenses.
Hasta marzo de 1938, la industria petrolera en México era propiedad de los imperialistas británicos, estadounidenses y holandeses. Tras la expropiación cardenista, los magnates petroleros —especialmente los británicos, que contaban con el respaldo de “Su Majestad”— impusieron un boicot al crudo mexicano y de hecho instigaron la rebelión derechista del general Cedillo contra Cárdenas. Trotsky apeló al internacionalismo proletario para movilizar a los obreros británicos en defensa de la expropiación mexicana contra sus propios gobernantes imperialistas. Como escribió Trotsky:
“La expropiación del petróleo no es ni comunismo ni socialismo: es una medida profundamente progresiva de autodefensa nacional…
“Sin abandonar su propia fisonomía, toda organización obrera del mundo entero, y ante todo de Gran Bretaña, tiene la obligación de atacar implacablemente a los bandidos imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus lacayos fascistas. La causa de México, como la de España, como la de China, es la causa de toda la clase obrera del mundo. La lucha planteada alrededor del petróleo mexicano es una de las escaramuzas de vanguardia de los combates futuros entre oprimidos y opresores.”
—“México y el imperialismo británico” (1938)
Hoy son los imperialistas estadounidenses quienes revolotean como aves de rapiña en torno a PEMEX. Una de las razones principales de la reciente visita de Bush a México era insistir en la apertura al “capital privado para expandir la producción de PEMEX” (La Jornada, 11 de marzo). Los obreros estadounidenses tienen el deber internacionalista de defender la industria petrolera nacionalizada mexicana contra los rapaces designios de Bush y su parvada imperialista.
¡Por un gobierno obrero y campesino!
El campesinado es una capa heterogénea de la pequeña burguesía que no puede desempeñar un papel político independiente como clase. Su actividad productiva es individual y se basa en la propiedad privada de una porción de tierra, y por tanto los campesinos compiten económicamente entre sí. El campesinado no cuenta con el interés objetivo de clase, ni con la cohesión ni con el poder social que tiene la clase obrera para derrocar a la burguesía e instaurar su propio gobierno. Especialmente a raíz de la entrada en vigor del TLC, el campo mexicano ha sido en gran medida devastado, con grandes masas de campesinos echados de sus tierras ante la incapacidad de competir con los grandes agribusinesses estadounidenses y mexicanos. Los campesinos pobres y las grandes masas urbanas depauperadas son el principal aliado potencial del proletariado en la revolución socialista.
La clase obrera industrial debe ponerse al frente de los demás sectores oprimidos de la sociedad y luchar, junto con comités de proletarios agrícolas y campesinos, por subsidios en forma de maquinaria, tractores, sistemas de riego, créditos agrícolas, así como granos de calidad. Empleos bien remunerados, educación bilingüe y de calidad a todos los niveles, un sistema de obras públicas para proporcionar servicios básicos y médicos en las regiones indígenas más atrasadas del campo deben ser demandas básicas del movimiento obrero.
La consigna por la llamada “soberanía alimentaria”, planteada especialmente por la UNT y una miríada de organizaciones campesinas, resuena por todos lados. Esta demanda tiene un carácter defensivo, pues se plantea en el contexto de la devastación del campo por el TLC y la creciente subyugación a los imperialistas. Sin embargo, nosotros no la levantamos. Según la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), la soberanía alimentaria significa “la libre determinación de los pueblos para definir sus políticas agrícolas y silvícolas; luchando por sacar a la agricultura y la alimentación de la Organización Mundial del Comercio, así como de cualquier tratado comercial internacional que vulnere nuestra soberanía.” En el centro de sus demandas está “promover el desarrollo rural integral y sustentable con la implementación de nuevas Políticas Públicas, programas, instrumentos y reformas institucionales que fomenten y protejan la capacidad de producir, industrializar, distribuir y comercializar los productos estratégicos para la alimentación de los mexicanos, con base en los pequeños productores campesinos, como condición de la soberanía alimentaria.” Así, detrás de la demanda por “soberanía alimentaria” está un marco reaccionario y utópico de regresar a la agricultura campesina a pequeña escala dentro de los marcos del capitalismo nacional.
En contraposición a los nacional-populistas, los marxistas entendemos que el hambre sólo puede ser eliminada en el contexto de una división internacional del trabajo en una economía socialista planificada, lo cual requiere el derrocamiento global del capitalismo. Perpetuar la existencia de un campesinado miserable y cultural y técnicamente atrasado es reaccionario. Los marxistas luchamos por la modernización del campo. Un gobierno obrero y campesino —la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado pobre, en la que juntos dirigirán los destinos del país a través de los soviets o consejos— se esforzaría por cumplir estas metas expropiando todos los modernos agribusinesses del norte y el Bajío, transformándolos en granjas estatales. Al mismo tiempo, procuraría convencer, mediante el ejemplo, a los campesinos pobres del sur y el centro de las ventajas de la gran explotación colectiva tecnificada sobre las pequeñas parcelas familiares. El destino de los campesinos pobres, es decir, su desaparición en medio de la opresión y la miseria capitalistas o su transformación en una clase de proletarios agrícolas en un campo modernizado, depende del triunfo de la revolución proletaria y su extensión internacional.
¡Por el internacionalismo proletario!
México, aun tras la revolución proletaria, no puede alcanzar solo los niveles de vida de un país del primer mundo. La modernización del campo, por ejemplo, requeriría un nivel científico y tecnológico mucho más alto del que México posee. La supervivencia inmediata misma de un México obrero dependerá de la ayuda de nuestros hermanos de clase estadounidenses. Al mismo tiempo, una revolución socialista en México resonaría por toda América y galvanizaría al poderoso proletariado multirracial estadounidense. Trotsky explicó en sus “Tesis fundamentales” de La revolución permanente (1931):
“El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del estado nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa [hoy día, el bloque imperialista de la Unión Europea], de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.”
Muchos ven incorrectamente a EE.UU. como una masa reaccionaria e imperialista homogénea —una visión basada en el nacionalismo burgués impulsado prominentemente por el PRD—. Pero los Estados Unidos son una sociedad dividida en clases. Las clases obreras y los oprimidos de México y los EE.UU. tienen un interés común en una revolución socialista en “el norte”. Nuestros camaradas estadounidenses luchan por movilizar a la poderosa y multirracial clase obrera estadounidense en oposición a los designios del imperialismo yanqui, oponiéndose tajantemente a la ocupación colonial de Irak, a la presencia de tropas imperialistas en el Medio Oriente y a la amenaza imperialista de EE.UU. sobre los estados obreros deformados chino y norcoreano. Nuestros camaradas en EE.UU. luchan por plenos derechos de ciudadanía para los inmigrantes como una forma concreta de crear vínculos de solidaridad entre ambos proletariados, todo bajo una perspectiva de lucha de clases independiente de los partidos burgueses republicano y demócrata.
En 1991 la Spartacist League/U.S., la Trotskyist League of Canada/Ligue trotskyste du Canada y el Grupo Espartaquista de México, todas secciones de la Liga Comunista Internacional, emitieron una declaración titulada: “Alto al TLC, rapiña de México por el imperialismo [de] EE.UU.” Ésta explica que “la lucha por la revolución obrera en México y Estados Unidos está directamente ligada, entre otras cosas, por el puente humano de millones de trabajadores mexicanos y centroamericanos que se han ido ‘pa’l norte’” y llama “a los trabajadores mexicanos, estadounidenses y canadienses a oponerse conjuntamente a este pacto antiobrero”. ¡Abajo el TLC! ¡Por lucha de clases conjunta en ambos lados de la frontera! ¡Por la revolución socialista en toda América!
¡Por una dirección clasista! ¡Forjar un partido obrero revolucionario, tribuno del pueblo!
Está claro que los obreros mexicanos quieren luchar. Pero sus actuales direcciones los subordinan a la burguesía, ya sea mediante la ideología nacionalista o la represión abierta. Como excusa para no movilizar a sus bases para la manifestación contra la carestía del 31 de enero, un vocero de los sindicatos corporativistas agrupados en la CTM e históricamente afiliados con el PRI argumentó que hay que “darle tiempo” a Calderón para ver si sus medidas económicas “funcionan”. La CTM y el CT se rehusaron a participar una vez confirmado que AMLO iba a marchar, y después propusieron un sistema de “crédito al salario”. Esta medida lo único que haría sería endeudar a los obreros con la patronal. Se requiere elevar el poder adquisitivo de los trabajadores, no encadenarlos de por vida a sus explotadores mediante préstamos chupasangre.
Por su parte, los sindicatos “independientes” de la UNT y el SME, políticamente alineados con el PRD, marcharon el 31 de enero bajo un pliego de nueve demandas codificadas en la “Declaración del Zócalo”, las cuales reflejan claramente el programa populista burgués del PRD. Además de exigir apoyos al campo, aumento salarial de emergencia, así como la creación de empleos formales —demandas que se dirigen a necesidades elementales y que apoyamos—, la declaración llama a “renegociar” y no a acabar con el TLC y apela a crear un “gran acuerdo nacional” sobre la base de la “unidad social”, como si no hubiera divisiones de clase en México. Las burocracias sindicales quieren unir a las masas empobrecidas con la gente que está tratando de matarlas de hambre. Esto es el nacionalismo burgués: ilusiones en la falsa unidad de explotados con explotadores sobre la base de un supuesto interés común en sacar a “la patria” adelante.
Los espartaquistas luchamos por remplazar a las burocracias procapitalistas con una dirección clasista y por transformar a los sindicatos en órganos del movimiento revolucionario proletario. Como León Trotsky explicó en 1940: “La primera consigna de esta lucha es: independencia total e incondicional de los sindicatos con respecto al estado capitalista.”
Esta lucha y la lucha por la democracia sindical no pueden separarse pues de la lucha por una dirección revolucionaria —un partido obrero revolucionario leninista-trotskista, parte de una IV Internacional reforjada, el partido mundial de la revolución socialista—. Un partido bolchevique es el instrumento fundamental para llevar la conciencia política al proletariado, la principal fuerza ofensiva y conductora a través de la cual la clase obrera puede realizar y consolidar la revolución socialista. Como explicó Trotsky: “No puede triunfar la revolución proletaria sin el partido, aparte del partido, al encuentro del partido o por un sucedáneo del partido” (Lecciones de Octubre, 1924).
El socialista utópico francés Fourier señaló que “el grado de emancipación de las mujeres es la medida natural de la emancipación general”. Las revoluciones burguesas, como la Revolución Francesa de 1789, limpiaron de instituciones feudales el camino del desarrollo capitalista, remplazaron las relaciones sociales basadas en obligaciones y privilegios con otras basadas en la igualdad contractual, y de ese modo tuvieron un profundo efecto en la familia. La condición de la mujer en los países capitalistas más avanzados muestra los limites de libertad y progreso social bajo el capitalismo. Por otro lado, el carácter atrasado del desarrollo capitalista en México, su pasado colonial y su subyugación al imperialismo se reflejan en enraizadas manifestaciones de atraso social. Perredistas y representantes de otros partidos en la Asamblea Legislativa del D.F. han presentado una propuesta para despenalizar el aborto hasta doce semanas de embarazo cuando la mujer interesada aduzca pobreza y para que pueda decidir cuántos hijos tener. En respuesta, la archirreaccionaria iglesia católica está convocando movilizaciones para impedir su aprobación. Los espartaquistas estamos a favor de esta reforma parcial y luchamos por el derecho al aborto libre y gratuito, por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista y por plenos derechos para los homosexuales.
La ancestral opresión racista antiindígena deriva de la brutalidad colonial, cuando la decadente corona española se mantenía viva con base en los inmensos cargamentos de plata y oro obtenidos mediante la superexplotación de la población nativa. El machismo, la homofobia, el racismo antiindígena y el antisemitismo son ideologías burguesas que sirven para justificar la opresión concreta y dividir a los oprimidos. Un partido revolucionario actuaría, en palabras de Lenin, como “el tribuno del pueblo”. Al combatir toda muestra de opresión y atraso social, el partido proletario encarna el ideal del marxismo revolucionario: la emancipación de la humanidad entera a través de la emancipación del proletariado.
El populismo pequeñoburgués radical del EZLN y la APPO
En el contexto de la horrible miseria y la brutal opresión a la que están sujetos los indígenas del país, el EZLN ha sido muy atractivo para algunos que se oponen a la devastación capitalista. Además, sus críticas al PRD durante el circo electoral fueron un polo de atracción para muchos jóvenes. Así, la Sexta Declaración zapatista habla de que “el problema del país no es un partido, sino el sistema capitalista”, al cual “tenemos que transformar” (La Jornada, 15 de enero de 2006). Pero no hay nada en la Sexta dirigido a derrocar el capitalismo; sus demandas son por reformas democráticas como, principalmente, una nueva constitución “que reconozca los derechos y libertades del pueblo, y defienda al débil frente al poderoso”. Es utópico pensar que mediante nueva legislación se pueda reformar el estado capitalista para ponerlo al servicio de los explotados y oprimidos. Se requiere la revolución obrera que abola la propiedad privada.
Por otro lado, la combatividad de la APPO, surgida como la aliada de los maestros de la Sección 22 del SNTE que estuvieron en huelga por más de seis meses, también galvanizó a quienes quieren luchar contra este vil y corrupto régimen. Sus barricadas —que les daban control de una parte importante de la ciudad de Oaxaca— y sus constantes combates contra la policía eran una fuente de inspiración para muchos jóvenes que quieren algo más que las fraudulentas contiendas electorales y la farsa parlamentaria. Pero su lucha no iba más allá de la demanda por la destitución del gobernador-verdugo Ulises Ruiz. Así, aunque al principio habían llamado por un boicot electoral, los dirigentes de la APPO y de la Sección 22 terminaron por llamar por el voto a AMLO.
El populismo niega la división fundamental de la sociedad de clases entre el proletariado y la burguesía, sustituyéndola por una división simplista entre meros ricos y pobres y negando así el papel central de la clase obrera como el agente fundamental del cambio social. De hecho, los zapatistas surgieron en 1994 en rechazo explícito de la lucha por la revolución proletaria. Consecuentemente, los populistas reducen su programa a reformas democráticas dentro del marco capitalista y la estrechez nacionalista. Así, independientemente de su combatividad e intenciones, los populistas “radicales” como el EZ y la APPO terminan orbitando en torno al PRD burgués y tratando de presionarlo.
La cadena sifilítica del populismo pequeñoburgués
Nuestra perspectiva marxista revolucionaria está contrapuesta no sólo a todas las variantes del populismo, sino también a la de las demás organizaciones que, llamándose marxistas, van a la cola de fuerzas de clases distintas del proletariado y restringen su programa al terreno nacional. Quizás el ejemplo más grotesco lo dé la Tendencia Militante, que es parte integral del PRD burgués. Militante dice enternecedoramente que “AMLO debe luchar contra el capitalismo” (Militante No. 154, 2ª quincena de septiembre de 2006). Esto es equivalente a llamar por que el Papa luche por los derechos de los gays. Militante no hace sino fortalecer ilusiones suicidas en el PRD y su política pavimenta el camino hacia derrotas sangrientas de la clase obrera.
La Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) lanza todo tipo de consignas contra la carestía de la vida, tales como “empleo para todos”, “aumento general de emergencia” (Estrategia Obrera No. 58, 24 de enero de 2007), etc., pero, sin siquiera una referencia a la lucha por la revolución socialista en su artículo, el programa de la LTS es un programa reformista, enteramente enmarcado en el capitalismo. La LTS escribe: “Lamentablemente, el PRD que se dice ser [sic] un partido ‘democrático’ y estar [sic] en contra de la represión, ha avalado este accionar” (Ibíd.), es decir, los recientes operativos federales masivos en Michoacán. ¡La LTS ni siquiera menciona la participación directa del PRD en el ataque sangriento contra los obreros de Lázaro Cárdenas en abril pasado! En cambio, invita “al conjunto de las organizaciones que se reclaman democráticas (como las que integran la CND)”, a unírsele en la constitución de una “Coordinadora Nacional contra la Represión”; en otras palabras, la LTS llama por un bloque político con el PRD burgués.
El Grupo Internacionalista fue formado hace once años por antiguos miembros desmoralizados de nuestra organización. Incapaces de lidiar con la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS y el retroceso en la conciencia de la clase obrera que acompañó esta derrota, desertaron del trotskismo para ir a la cola de fuerzas de clases ajenas, embelleciendo la conciencia existente y adaptándose a ella.
El GI es incapaz de lidiar con las ilusiones masivas en el populismo y recurre a inventar su propia realidad. Así, hace todo tipo de contorsiones para presentar a AMLO como un mero “neoliberal con rostro humano”, minimiza los efectos devastadores del TLC y todas las políticas neoliberales de los últimos cuatro sexenios y le da la espalda a la lucha en defensa de derechos democráticos elementales y las necesidades más apremiantes de la población pobre.
En un artículo reciente (“Contra el tortillazo, ¡Imponer el control obrero! Crisis de la tortilla, producto del capitalismo”, El Internacionalista, enero de 2007), el GI esencialmente se dedica a poner un signo de igual entre el viejo régimen semibonapartista del PRI y las actuales políticas hambreadoras y abiertamente proimperialistas del PAN. Así, mientras hace una referencia de pasada al “desastre” ocasionado por el TLC, argumenta que “ni la pobreza de los pequeños campesinos ni la migración forzada empezaron hace 15 años”, minimizando la horrible miseria y creciente subyugación de México al imperialismo que este tratado de rapiña ha ocasionado. Finalmente, escribe:
“Además, al mantener artificialmente bajos los precios de la tortilla y altos los del maíz, lo que hacían era subsidiar a los industriales mexicanos al aminorar el costo de reproducción de ‘su’ fuerza laboral. En otras palabras, utilizaron su ‘soberanía alimentaria’ para mantener a los trabajadores sumidos en la pobreza por los bajos sueldos.”
¡El GI argumenta que no hay que luchar por comida barata porque significa mantener los salarios bajos! Esta posición es, simple y llanamente, reaccionaria.
El GI reniega de la defensa de conquistas parciales. Con esta lógica, debería oponerse a la defensa de la industria petrolera nacionalizada, y de hecho a toda demanda dirigida a mejorar la situación de los obreros y los oprimidos antes de la revolución socialista. Toda reforma, toda conquista para los obreros y los oprimidos será necesariamente parcial y en cualquier momento reversible mientras siga existiendo el capitalismo. Pero no por ello los revolucionarios renunciamos a la lucha por conquistas parciales; al contrario, nuestro propósito es movilizar a la clase obrera a la cabeza de todos los pobres y oprimidos en la lucha por sus necesidades más apremiantes en preparación para el derrocamiento general de la clase capitalista. Como Lenin explicó:
“Los marxistas, a diferencia de los anarquistas, admiten la lucha por las reformas, es decir, por medidas que mejoren la situación de los trabajadores sin destruir el poder de la clase dominante. Pero a la vez los marxistas sostienen la lucha más decidida contra los reformistas, quienes, directa o indirectamente, limitan los objetivos y las actividades de la clase obrera a la conquista de reformas. El reformismo es un engaño de que la burguesía hace víctimas a los obreros, quienes, pese a algunas mejoras aisladas, seguirán siendo esclavos asalariados mientras exista la dominación del capital.”
—“Marxismo y reformismo” (1913)
Lecciones de la Comuna de París de 1871
La lucha convulsiva de las masas oaxaqueñas ha infatuado a la izquierda supuestamente “trotskista”; este ejemplo muestra su crasa renuncia, en los hechos, a la revolución permanente de Trotsky. La LTS saluda esa lucha como “la comuna de Oaxaca”, equiparándola a la Comuna de París de 1871. Nada podría ser más falso. La Comuna de París fue una revolución social, el primer ejemplo en la historia de la dictadura del proletariado. ¡Pero, para empezar, la clase obrera industrial a duras penas existe en Oaxaca! En realidad, la lucha en Oaxaca se basó totalmente en profesores sindicalizados y las masas pequeñoburguesas depauperadas. Para los genuinos trotskistas, el punto no es pintar la realidad en colores más agradables, sino luchar por la movilización del proletariado urbano industrial a la cabeza de todos los oprimidos en la lucha por la revolución socialista.
Una de las principales lecciones de la Comuna de París —que al final fue aplastada por la reacción burguesa al costo de unas 30 mil vidas obreras— fue que el proletariado no puede tomar el aparato estatal existente y esgrimirlo en interés propio. Como nos enseñaron Marx y Engels, el estado burgués consiste en destacamentos de hombres armados cuya tarea es defender el modo de producción capitalista basado en la propiedad privada y la explotación del trabajo. Su núcleo es el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles. La clase obrera debe destruir el estado burgués mediante la revolución socialista y erigir en su lugar un estado obrero para defender al proletariado como la nueva clase dirigente contra la burguesía recalcitrante. Las lecciones de la Comuna de París respecto al entendimiento marxista del estado —codificadas especialmente en El estado y la revolución de Lenin, una obra seminal del marxismo revolucionario— desempeñaron un papel crucial en la Revolución Rusa de 1917, la única revolución proletaria exitosa en la historia.
Sin embargo, la perspectiva entera de la APPO se basaba en ilusiones en la reforma democrática del estado capitalista, con el PRD como el instrumento para llevarla a cabo. La LTS comparte estas ilusiones; una de las demandas más recurrentes en su historia, dirigida al estado burgués mismo, es “por la disolución de las fuerzas represivas del estado”. No es sólo utópico, sino verdaderamente suicida, creer que la burguesía acordará jamás “disolver” su estado —ésta es una posición reformista contrapuesta a la esencia misma del marxismo—.
La renuncia del GI en los hechos a la revolución permanente los conduce por un lado, como hemos visto ya, a abstenerse de la lucha por derechos y necesidades elementales de la población; por el otro, los lleva directamente a glorificar el populismo de izquierda. Un caso ejemplífico es Oaxaca. El año pasado el GI afirmó que los maestros oaxaqueños “saben bien que ‘PRI, PAN y PRD son lo mismo’” (El Internacionalista/Edición México No. 2, agosto de 2006), una posición que tuvo que abandonar apenas unos días después, cuando los maestros y la APPO llamaron por un “voto de castigo” contra el PRI y el PAN, es decir, por el PRD. Más recientemente escribió que las masas de la APPO “carecían, sin embargo, de una perspectiva política explícitamente revolucionaria” (El Internacionalista, enero de 2007), dando a entender que tenían una implícita —¡y sólo el GI sabe qué significa tal cosa!—. Ahora, en un intento desesperado de pintar a la APPO en colores rojos, dice que “el apoyo de la APPO al candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones del 2 de julio fue visto por muchos huelguistas en Oaxaca como una jugada ‘táctica’ en contra de Ulises Ruiz: votar por AMLO contra URO. Pero para los dirigentes de la APPO representó su estrategia.” El GI abandona el punto de partida de toda política revolucionaria: el apoyo político a la burguesía no es ninguna “táctica” astuta, sino una ilusión mortal que sólo puede conducir a derrotas.
No muy lejos de la LTS, el GI también abandona el entendimiento marxista del estado. Así, en un artículo reciente citan acríticamente —y de manera tan tierna— el discurso de un estudiante oaxaqueño dirigido a la policía: “‘las condiciones del país los hicieron elegir entre irse de su patria o enrolarse en esa corporación [la PFP] ante la falta de oportunidades’ pero que ‘deberían estar de este lado porque son igual que nosotros. Véanse la tez, las manos, son del mismo color que nosotros, también son huicholes, mixes, tarahumaras’” (El Internacionalista, noviembre de 2006). El GI de hecho aprueba tales afirmaciones, añadiendo que “Apelar a los policías invasores para que no repriman puede ser una táctica correcta en ciertas circunstancias, pero en otras podría ser suicida. Es una ilusión peligrosa pensar que la policía ‘también es pueblo’…”. Presentar tales apelaciones liberales a la policía como, otra vez, alguna especie de “táctica” astuta sólo puede significar precisamente sembrar ilusiones mortales en el estado burgués.
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Las crisis económicas recurrentes y la represión son características endémicas del sistema capitalista. La única solución para acabar con ambas es el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución obrera internacional. La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarrollo libre de todos. ¡Reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/tortiallazo.html
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2015.10.05 11:50 qryq Los yihadistas huyen ante los bombardeos rusos.

Tras un nuevo día de bombardeos contra la infraestructura del Estado Islámico en Siria, Rusia logró destruir una planta de producción de cinturones bomba del grupo terrorista, según informó el domingo el Ministerio de Defensa ruso. Los aviones Sukhoi Su-25 de la Fuerza Aérea rusa han atacado un campamento de entrenamiento de los combatientes terroristas en la gobernación siria de Idlib.
Los aviones rusos también han destruido cuatro puntos de mando de los yihadistas cerca de la ciudad de Yisr al Shugurn, en la gobernación de Idlib, en el noroeste de Siria. Las instalaciones, en las que se escondían militantes del EI, fueron destruidas por un ataque de misiles guiados.
El punto de coordinación del EI, ubicado en una zona montañosa a 13 kilómetros al oeste de la ciudad de Yisr al Shugurn, fue volado por un ataque de un Su-25 de la Fuerza Aeroespacial rusa.
Otro puesto de mando utilizado también como almacén de combustibles, situado al este de la ciudad de Yisr al Shugurn, en Idlib, fue destruido por un ataque con misiles guiados.
La aviación militar rusa ha destruido un campo de entrenamiento de los militantes del Daesh ubicado en una zona boscosa cerca de localidad de Kesladzuk, en la gobernación de Idlib. Un taller de explosivos fue eliminado junto a las instalaciones de protección del grupo terrorista.
Salen nuevos vídeos de las últimas 24 horas de ataques rusos contra el EI
El Ministerio de Defensa de Rusia ha publicado dos nuevos vídeos de dos ataques (uno diurno y uno nocturno) realizados contra las posiciones del Estado Islámico en las últimas 24 horas.
Uno de los vídeos muestra el ataque de un cazabombardero Sukhoi Su-34 contra un búnker subterráneo del Estado Islámico cerca de Raqqa. Se reporta que el recinto contenía un depósito de explosivos. El segundo vídeo es de un ataque del supersónico Sukhoi Su-24 contra un puesto de mando extremista en la misma región.
"Las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia impactan en todos los objetivos descubiertos en las regiones donde actúan los miembros del Estado Islámico, independientemente de la hora y las condiciones climáticas", afirmó un portavoz militar en un comentario concedido a la prensa.
Los cazabombarderos Su-24M y Su-34 han destruido tres depósitos de municiones, armas y accesorios de los grupos armados. El resultado fue conseguido por el impacto directo en estos objetivos de las bombas teleguiadas KAB-500m, que incendiaron y provocaron la detonación de los explosivos almacenados.
El uso de las bombas BETAB-500 (destructoras de hormigón) les permitió a los pilotos rusos destruir asimismo cuatro puntos de mando de los pelotones del Estado Islámico, en los cuales en el momento de los ataques se encontraban los combatientes.
La intensidad de los ataques aéreos sigue aumentando, insiste el Ministerio de Defensa en su cuenta en Facebook. En las últimas 24 horas han sido alcanzados 10 objetivos de distintas agrupaciones del EI. Los aviones Sukhoi Su-24M, Su-25 y Su-34 han cumplido un total de 20 misiones.
El operativo ruso en Siria arrancó el pasado 30 de septiembre. Ese primer día los aviones realizaron cerca de 20 vuelos, durante los cuales lograron destruir un puesto de mando y un cuartel general que los yihadistas tenían en las montañas.
Idilb: Rusia da golpe devastador a Jaysh al-Fateh
El sábado por la mañana, la Fuerza Aérea Rusa concentró sus esfuerzos en las ciudades controladas por Jaysh Al-Fateh (Ejército de la Conquista) de Mardeij, Ma'arat Al-Numan, Jisr Al-Shugur y Sarmin, llamativos estos sitios dentro de la gobernación de Idlib en más de 20 veces antes de asestar un último golpe a los rebeldes islamistas en la ciudad de Saraqib.
Según una fuente militar en la gobernación de Latakia, la Fuerza Aérea Rusa apuntó principalmente a Saraqib y Jisr Al-Shughour durante su campaña de bombardeos el sábado, golpeando a los afiliados de Al Qaeda un total de 16 veces en las ciudades antes mencionadas antes de regresar al Aeródromo Hmamiyat dentro Aeropuerto Internacional Bassel Al-Assad en el distrito de Jableh (Latakia).
La fuente añadió que el objetivo de la Fuerza Aérea Rusa en Saraqib era destruir un centro de comando y control que pertenecía a Jabhat Al-Nusra.
Además de sus ataques aéreos en Saraqib y Jisr Al-Shughour, la Fuerza Aérea Rusa golpeó a los afiliados de Al Qaeda en las ciudades de Ma'arat al-Numan, Mardeij y Sarmin; esto fue seguido por un vuelo de reconocimiento sobre las llanuras Al-Ghaab en la gobernación de Hama.
Activistas de los medios sociales filiados a Jaysh Al-Fateh reportaron una gran cantidad de víctimas en el ataque de la Fuerza Aérea Rusa que destruyó su centro de mando y control en Saraqib.
El Estado Islámico se retira del norte de Siria
El portavoz del Ministerio de Defensa ruso, general mayor Ígor Konashénkov informó que los aviones de asalto Su-25 golpearon un campamento terrorista en la zona de Maaret al-Nuuman, en la provincia de Idlib, provocando la retirada precipitada de miembros del autoproclamado Estado Islámico (EI) y Daesh (en árabe), al noroeste de Siria.
Desde el comienzo de su misión en Siria el pasado miércoles, la aviación rusa ha realizado más de 18 bombardeos en provincias estratégicas del territorio árabe dominado por terroristas del EI, entre ellas, Al-Raqa (este), Alepo (norte), Hama (centro) e Idlib, donde ha logrado destruir campos de entrenamiento e instalaciones militares de estos grupos radicales.
Fuentes sirias divulgaron el sábado pasado que los terroristas retiraron sus vehículos blindados y el armamento que tenían en la provincia de Idlib, donde los ataques rusos lograron acabar con sus equipos materiales y algunas pérdidas humanas de estos radicales que han sometido a Siria con decapitaciones y explosiones masivas.
Los ataques aéreos de Rusia al noroeste de Siria alcanzaron, además, el viernes, varios centros de mando del grupo terrorista Yaish al-Fath, en la ciudad de Yisr al-Shughur y la región de Jabal al-Zawiya, donde causaron varios muertos, entre los que se encontraba un cabecilla de la agrupación identificado como Abd al-Razaq Khnforh.
Paralelamente, Rusia consiguió atacar un escondite, varios vehículos, un lanzacohetes y un cañón del EI en la ciudad histórica de Palmira, situada en la provincia occidental de Homs, que se encontraba secuestrada por los terroristas, quienes causaron graves daños patrimoniales.
Rusia ha sido el primer país que se atrevió a apoyar a Siria en el combate contra el terrorismo del Estado Islámico. Su presidente Valdimir Putin ha reiterado en varias ocasiones que los ataques únicamente están concentrados en los centros o asentamientos de estos rebeldes donde reposan armas, vehículos blindados y municiones de guerra.
En cuestión de 48 horas, el ISIS ha sido golpeado por la Fuerza Aérea Rusa dentro de la capital de la provincia de Al-Raqqa y sus alrededores por lo menos 25 veces por día. Los ataques aéreos apuntan a lugares imprescindibles que no habían sido tocados por la Coalición encabezada por Estados Unidos. Estos incluyen el Aeropuerto Militar de Tabqa y el Hospital Nacional de Tabqa - principal base militar y sede del ISIS en Al-Raqqa.
Con ningún lugar para escapar dentro de Siria, la banda terrorista se ha visto obligada a huir hacia zonas más seguras fuera del país; esto fue confirmado por los hombres de las tribus Shaytat en el campo oriental de la gobernación de Deir Ezzor.
Según una fuente militar de la 104ª Brigada Aerotransportada de la Guardia Republicana en Deir Ezzor, los hombres de las tribus Shaytat han informado que un gran convoy de combatientes del ISIS y sus familias han comenzado un éxodo desde las ciudades de Al-Mayadin y Abu Kamal hacia la provincia iraquí de Al-'Anbar temiendo el aumento de los ataques aéreos rusos dentro de Deir Ezzor.
Recientemente, la Fuerza Aérea Rusa ha atacado directamente al grupo terrorista dentro de la gobernación de Deir Ezzor, golpeando sitios del ISIS a lo largo de la imperativa autopista internacional Deir Ezzor-Raqqa y la carretera Al-Mayadin-Deir Ezzor.
Rusia destruye un búnker subterráneo del EI con explosivos en Raqqa
Las Fuerzas Aéreas de Rusia han destruido con un ataque de precisión un puesto de mando protegido y un búnker subterráneo del Estado Islámico que contenía un depósito de explosivos cerca de Raqqa.
<>, afirmó el portavoz militar. En la zona de acción de los aviones rusos no se ha detectado ningún tipo de sistema antiaéreo que pudiera amenazarlos, agregó.
Unos 700 extremistas se han rendido durante los últimos días
Unos 700 extremistas se han rendido durante los últimos días y han entregado las armas a las autoridades competentes en la provincia de Deraa, en el sur de Siria, informó la agencia de noticias SANA el sábado.
Según la agencia, citada por RIA Novosti, estos terroristas han depuesto las armas en el marco del programa de reconciliación nacional. Los militantes entregaron sus automáticas, ametralladoras y rifles de francotirador.
El ejemplo más llamativo del éxito del programa de reconciliación nacional anunciado por el Gobierno sirio tuvo lugar en la ciudad de Homs en 2014. Entonces se rindieron 1.500 militantes que habían tomado el centro de la ciudad.
El programa de reconciliación nacional ofrece a los militantes y extremistas entregar las armas y pasar por un proceso de rehabilitación para volver a la vida civil.
Hoy el jefe de la Dirección Principal de Operaciones del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia, el coronel general Andréi Kartapólov, declaró que <>.
<>, aclaró Kartapólov.
<>, agregó Kartapólov.
El representante del Estado Mayor General ha recomendado a Estados Unidos retirar de la zona de los ataques aéreos de las Fuerzas Aeroespaciales rusas a sus instructores y asesores y detener el vuelo de sus aviones.
Según Kartapólov, Rusia está interesada en coordinar las acciones de diferentes países en la lucha contra los militantes del EI y los invita a unirse al Centro de Información en Bagdad.
Kartapólov destacó que la aviación rusa continuará realizando ataques contra las posiciones de los terroristas del EI en Siria y aumentará su intensidad.
Las Fuerzas Aéreas rusas están llevando a cabo su operación contra el Estado Islámico en territorio de Siria después de que el Gobierno de Damasco solicitara ayuda militar a Moscú. Todas las acciones de la Fuerza Aérea rusa se realizan en coordinación con las Fuerzas Armadas sirias. Los altos cargos que representan a la Defensa y a la Cancillería rusa han anunciado en repetidas ocasiones que Moscú no contempla la posibilidad de implicar a sus tropas terrestres en el operativo.
Un submarino nuclear de China entra en Tartous, en Siria
Aún más discreta que la entrega de aviones de combate rusos en Siria, China continúa fortaleciendo su presencia militar cerca de la costa siria, cuatro buques de superficie de la Armada china ya están amarrados cerca del puerto de Tartous militar. Otros dos buques de guerra al Imperio Medio cruzan fuera de Latakia.
Pero la noticia más sorprendente es la presencia confirmada de al menos un submarino nuclear chino Jin-clase (tipo 094) en algunos lugares. El 094 no es muy tranquilo en comparación con sumergible en posesión de las otras potencias nucleares, y algunos analistas de la región se preguntan cómo es que doce submarinos armados con misiles balísticos (SLMB) JL-2 no han sido detectados antes durante una trayectoria de entre 7.300 y 8.000 kilómetros por la gran cantidad de satélites, estaciones de escucha, UAVs militares y aviones de reconocimiento del Mediterráneo oriental y el Levante.
China no tiene la intención de parar aquí y hay información aún confirmada que indica que Beijing planea enviar su segundo portaaviones, Mao Zedong (teóricamente en construcción con otro portaaviones), hacia Siria en su viaje inaugural.
Por último, fuentes cercanas al Ministerio de Defensa de Rusia en Moscú sugieren una posible participación de los aviones de combate de China ante la campaña de ataques aéreos liderados por Moscú contra las diferentes organizaciones terroristas en Siria.
El Ejército sirio asesta duros golpes a los terroristas de EIIL
El Ejército sirio asestó este jueves duros golpes a los terroristas del EIIL (Daesh, en árabe) en varias provincias del país.
Según informa la agencia siria de noticias SANA, citando fuentes militares, las Fuerzas Armadas sirias acabaron el jueves con un número considerable de integrantes de Daesh, destruyendo sus vehículos —cargados con armas y municiones—, en las provincias de Alepo y Sweida, en el noroeste y suroeste del país, respectivamente.
Asimismo, las fuerzas sirias han conseguido repelar varios ataques de grupos takfiríes en la provincia de Quneitra, en el suroeste, haciendo imposible para los terroristas infiltrarse en esa región, según informa la cadena iraní en lengua inglesa PressTV.
Chechenia sugiere despliegue de sus fuerzas en Siria para combatir a Daesh
La República de Chechenia expresó el viernes su disposición a desplegar tropas en Siria para luchar contra el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe).
<>, ha dicho el presidente checheno, Ramzan Kadyrov, dos días después de que Rusia iniciara sus ataques aéreos contra Daesh.
<>, ha declarado el presidente checheno, Ramzan Kadyrov.
Tras recalcar la gran capacidad de combate de los soldados chechenos, Kadyrov ha solicitado al presidente ruso, Vladimir Putin, que permita el envío de los mismos a Siria.
El mandatario checheno recuerda que en 1999, cuando su país <>.
Kadyrov se ha declarado a sí mismo como enemigo número uno de EIIL y ha señalado que si los terroristas hubieran podido asesinarlo, lo habrían hecho.
En otra parte de sus palabras, Kadyrov ha protestado por que se llame “Estado Islámico” a Daesh, ya que los actos bárbaros de ese grupo no tienen nada que ver con Islam.
En febrero de 2015, Kadyrov puntualizó que EIIL ha sido creado por Estados Unidos y sus aliados para usarlo en la guerra secreta que han lanzado contra el Islam.
En septiembre del mismo año, el mandatario checheno aseveró que la meta de EE.UU. y de Europa en Siria no es eliminar a EIIL, sino derrocar al presidente, Bashar al-Asad.
Bombardeos rusos en Siria toman por sorpresa a Catar y Arabia Saudí
Los ataques rusos contra posiciones del EI en Siria sorprendieron a las autoridades de Catar y Arabia Saudí, opina el asesor del Europarlamento y experto en los temas de Oriente Próximo, Eldar Mamedov.
<>, dijo Mamedov.
El Ministerio de Exteriores turco publicó el viernes una demanda conjunta de Alemania, Francia, Catar, Arabia Saudita y Turquía que llama a Rusia a terminar los ataques contra la oposición siria y concentrarse en la lucha contra el EI.
Rusia comenzó el miércoles una operación aérea contra las posiciones del Estado Islámico en Siria atendiendo una petición del presidente de este país, Bashar Asad. Varios funcionarios rusos de alto nivel subrayaron que los ataques apuntan únicamente contra grupos declarados como terroristas.
Paralelamente, continúan desde septiembre de 2014 los bombardeos del EI por parte de una coalición encabezada por EEUU que no cuenta con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU ni de las autoridades sirias.
Estados Unidos teme que Rusia aprenda en Siria a detectar a los furtivos F-22
Según el departamento de inteligencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Rusia podría utilizar en Siria sus cazabombarderos Su-30SM y Su-34 para recopilar información sobre el furtivo caza de quinta generación estadounidense F-22 Raptor.
A juicio de un oficial anónimo de la inteligencia de la Fuerza Aérea de EE.UU., los aviones de combate rusos Su-30SM y Su-34 serán capaces de recoger los datos sobre señales de radares de los mejores aviones de combate estadounidenses, los F-22 Raptor, según la revista 'The National Interest'.
El oficial indicó que la operación aérea rusa en Siria por una parte permitiría a la Fuerza Aérea de Rusia adquirir experiencia en condiciones de combate reales y, por otra, recibir datos sobre las características de las señales que emiten los radares de los F-22 (que también operan en esta zona): en otras palabras, datos técnicos que permiten detectar la presencia del F-22 y evitar sus ataques.
Con el mismo fin, los Estados Unidos han desplegado en la región sus cazas multifuncionales F-22 Raptor, señaló.
<>, dijo.
Estos dispositivos son detectores de emisiones de radiofrecuencia de un sistema de radar, cuyo objetivo principal es emitir una advertencia cuando se detecta una señal de radar que podría suponer una amenaza.
<>, explicó.
Esta opinión no es compartida por todos, señala 'The National Interest'. Otro funcionario de inteligencia de Estados Unidos dijo que la inteligencia de la Fuerza Aérea rusa tiende a usar para tales objetivos aviones especializados como el IL-20M.
EL PLAN DE PUTIN: RUSIA PREPARA UNA OFENSIVA TERRESTRE CON IRÁN MIENTRAS INTENSIFICA LOS BOMBARDEOS.
Es una versión que sale de los servicios de inteligencia rusos, iraníes, norteamericanos y europeos. Y se propaga rápidamente en medios norteamericanos como rusos. Rusia estaría preparando una SEGUNDA FASE MILITAR complementaria de los bombardeos aéreos para terminar de expulsar a los grupos terroristas y restituir el control territorial de Siria al gobierno de Al Assad.
Y la acción ya estaría siendo coordinada en Irán por la COALICIÓN DE LOS CINCO integrada por Rusia, Irán, Siria, Irak, y Hezbolá (también denominada la CONEXIÓN MILITAR CHIÍ) quienes acordaron actuar como COMANDO CONJUNTO frente a la COALICIÓN TERRORISTA YIHADISTA SUNI (protegida por EEUU, la OTAN y Arabia Saudita) que opera en Siria desde el 2011.
El PRIMER FRENTE operativo de ataque estaría compuesto por la infantería del ejército sirio, Hezbolá y las milicias chiíes que ya combaten contra Estado Islámico en Irak.
El SEGUNDO FRENTE de cobertura de fuego y apoyo logístico estaría compuesto por fuerzas especiales de Rusia y de la Guardia revolucionaria con blindados, baterías misilísticas y armamento ultra pesado. La fuerza aérea rusa y siria (en comando conjunto) actuaría como el factor complementario BARRIENDO Y DESTRUYENDO LAS POSICIONES TERRORISTAS antes de cada ataque terrestre.
Rusia e Irán actuarían como COMANDO ESTRATÉGICO con intercambio de información y planificación conjunta. Y el primer objetivo de esta FASE TERRESTRE sería expulsar al mosaico de grupos terroristas (entre ellos Estado Islámico y Al Qaeda) de las fronteras norte y noreste. Y luego avanzar de ahí, en una acción envolvente, para terminar con los BOLSONES terroristas en todo el territorio sirio.
Y la pregunta del millón ¿Que factibilidad geopolítica y estratégica habría para que una operación terrestre global contra los grupos terroristas prospere sin una REACCIÓN MILITAR de EEUU, las potencias de la OTAN e Israel. Hasta ahora, una reacción militar conjunta del eje USA-OTAN se torna IMPROBABLE (por no decir imposible). Y hay razones geopolíticas, militares y económicas que lo explican.
PRIMERO: Alemania, la primera potencia económica europea (principal socia comercial de Rusia en Europa) ya advirtió ayer que se opone a CUALQUIER SOLUCIÓN MILITAR como salida en Siria.
SEGUNDO: La Unión Europea es ULTRA DEPENDIENTE del gas y el petróleo ruso, lo que PARALIZARÍA cualquier accionar militar de la OTAN contra Rusia.
TERCERO: cualquier accionar conjunto militar de la OTAN contra las fuerzas rusas en Siria, sería VETADO en el Consejo de Seguridad de la ONU por China y Rusia.
CUARTO: Hasta ahora (salvo Francia con el débil Hollande) participa con EEUU de las operaciones aéreas de apoyo al terrorismo en Siria. Hasta la propia Gran Bretaña (con un Cameron debilitado y jaqueado por la oposición) mantiene un cauto DISTANCIAMIENTO de cualquier intervención militar en Siria.
QUINTO: La crisis global (con peligro de disolución como bloque de la Unión Europea) impide que las potencias se embarquen en una guerra generalizada contra Rusia e Irán en Medio Oriente. La REACCIÓN política y social que produciría en las metrópolis EUROPEAS, terminaría con los gobiernos que participaran.
SEXTO: Este ESCENARIO con respecto a Siria recrea el cuadro de situación del 2014 cuando las potencias europeas DEJARON SOLO Y AISLADO a Obama en su objetivo intervención militar directa para derrocar al gobierno de Bashar Al Assad.
SÉPTIMO: descartada una ACCIÓN CONJUNTA contra Rusia e Irán en Siria, solo quedaría la opción de una RESPUESTA MILITAR UNILATERAL de EEUU, Israel y Arabia Saudita. En este escenario es muy difícil que Israel se pliegue a una confrontación militar directa con Rusia (e Irán) dado que tiene el poderío militar ruso de la base de Tartus casi en sus fronteras. Además tiene a Hezbolá y a los blindados y baterías misilísticas de la Guardia Revolucionaria iraní en su frontera con Líbano. Y Netanyu y los halcones militares israelíes comen cualquier cosa menos vidrio. En cuanto a Arabia Saudita solo es un sirviente y una extensión militar mediocre del Pentágono. Y su actuación solo generaría rechazo y repulsa internacional.
OCTAVO: Todo este cuadro de situación repetiría nuevamente el escenario de un Obama, DESPRESTIGIADO Y SIN PODER intentando convencer a los republicanos en el Congreso de EEUU para una RESPUESTA MILITAR UNILATERAL de EEUU en Siria.
Pero tampoco se llegaría a ese extremo, porque el CONSENSO GENERALIZADO entre las potencias imperiales es llegar a una SOLUCIÓN POLITICA NEGOCIADA en Siria. Y esa propuesta puede ser liderada por ALEMANIA (factor de equilibrio entre Rusia y China) en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Y ese es el OBJETIVO CENTRAL en el plan de Putin. Profundizar e incrementar AL EXTREMO las operaciones de exterminio contra la YIHAD TERRORISTA SUNÍ para tomar el CONTROL MILITAR Y POLÍTICO de Siria. Y desde allí NEGOCIAR DESDE UNA POSICIÓN DE FUERZA.
Hace 25 años que el estratega semi calvo de mirada gélida juega al ajedrez geopolítico y militar. Y Putin TIENE UN PLAN.
Contexto de los bombardeos rusos contra los grupos yihadistas en Siria
Una verdadera oleada de videos sobre los daños que la fuerza aérea rusa pudiera provocar contra la población civil en Siria inundó internet mientras que los parlamentarios rusos debatían sobre la autorización que finalmente otorgaron para el inicio de la intervención aérea rusa contra los grupos yihadistas que operan en la República Árabe Siria.
Dado el hecho que los bombardeos de la fuerza aérea rusa comenzaron sólo después de haber recibido la autorización de su parlamento, es evidente que las fotos y videos difundidos en internet durante el desarrollo de los debates habían sido registrados en otros contextos o que se trataba de elementos fabricados con fines de propaganda.
Esta campaña de propaganda fue organizada por la asociación Syria Civil Defense, actualmente denominada White Helmets (Cascos blancos). Esa asociación, con sede en Turquía, dice disponer de unos 2 500 «voluntarios» remunerados que supuestamente se hallan en Siria, junto a los «rebeldes». La asociación se financia con donaciones anónimas y no reconoce haber recibido fondos de Estados Unidos, del Reino Unido y del «Consejo Nacional Sirio» (oposición externa), financiado a su vez por Qatar, Turquía y Francia. En este momento, no es posible identificar cuáles de todos estos actores financiaron la nueva operación de propaganda.
Los White Helmets ya habían producido anteriormente varios videos que mostraban supuestos bombardeos del Ejército Árabe Sirio con barriles llenos de explosivos, otra operación de propaganda de la que se hizo eco el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres, y que se ha convertido en uno de los mantras de la prensa occidental, a pesar de tratarse de una afirmación totalmente absurda. El hecho es que las fuerzas armadas sirias disponen de bombas rusas –claramente más precisas que los “barriles de explosivos” supuestamente lanzados desde helicópteros– y, por consiguiente, no necesitan recurrir a medios tan rudimentarios.
El vocero del secretario general de la ONU, que se había hecho eco de las acusaciones difundidas por los «White Helmets», acaba de presentar excusas a Rusia por haber repetido esas alegaciones sin verificarlas.
Por el contrario, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, denunció los bombardeos rusos afirmando, también sin pruebas, que «alcanzan a combatientes de la resistencia y civiles».
Es importante recordar que, a la luz de las resoluciones pertinentes de la ONU, los medios de prensa que se hacen eco de esta propaganda de guerra están cometiendo un crimen contra la paz .
El presidente ruso Vladimir Putin ha denunciado personalmente estos «ataques informativos».
Los bombardeos de la fuerza aérea rusa en Siria han destruido posiciones del Frente al-Nusra (miembro de al-Qaeda) y de la organización terrorista siria Ahrar Al-Sham (fundada, antes del inicio de la guerra en Siria, por la Hermandad Musulmana y que cuenta entre sus miembros a varios ex cuadros de al-Qaeda). Ambas organizaciones cuentan con abundante financiamiento proveniente de 3 países: Turquía, Arabia Saudita y Francia.
Todo indica que estas organizaciones fueron seleccionadas como blancos de los bombardeos rusos precisamente a título de advertencia para Turquía y como medio de hacerle entender que tiene que retirar de inmediato los comandos turcos presentes en territorio sirio.
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan estuvo el 23 de septiembre en Moscú, donde asistió a la inauguración de la mezquita más grande de Europa y aprovechó la ocasión para reunirse en secreto con el presidente ruso Vladimir Putin. De regreso a su país, Erdogan declaró que la salida del presidente sirio Bachar al-Assad ya no es una condición previa para la solución de la crisis siria pero que Moscú exige más que eso.
Por su parte, Rusia reconoció el papel del PKK (partido kurdo de Turquía) en la lucha contra los yihadistas del Emirato Islámico, dando a entender así que Moscú podría respaldar al PKK en contra del gobierno del presidente turco.
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2014.08.31 13:11 campesin El sentido del progreso desde mi obra - Miguel Delibes

Discurso leído por Miguel Delibes Setién el 25 de mayo de 1975 en el acto de su recepción en la Real Academia de la Lengua
MI CREDO
Cuando escribí mi novela El camino, donde un muchachito, Daniel el Mochuelo, se resiste a abandonar la vida comunitaria de la pequeña vi lla para integrarse en el rebaño de la gran ciudad, algunos me tacharon de rea ccionario. No querían admitir que a lo que renunciaba Daniel el Mochuelo era a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional.
Posteriormente mi oposición al sentido moderno del progreso y a las relaciones Hombre-Naturaleza se ha ido haciendo más acre y radical hasta abocar a mi novela Parábola del náufrago, donde el poder del dinero y la organización -quintaesencia de este progreso- termina por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras la Naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad. En esta fábula venía a sintetizar mi más honda inquietud actual, inquietud que, humildemente, vengo a compartir con unos centenares -pocos- de naturalistas en el mundo entero. Para algunos de estos hombres la Humanida d no tiene sino una posibilidad de supervivencia, según declararon en el Ma nifiesto de Roma: frenar su desarrollo y organizar la vida comunitaria sobre ba ses diferentes a las que hasta hoy han prevalecido.
De no hacerlo así, consumaremos el suic idio colectivo en un plazo relativamente breve. Su razonamiento es simple. La industria se nutre de la Naturaleza, y la envenena y, al propio tiempo, propende a desarrollarse en complejos cada vez más amplios, con lo que día llegará en que la Naturaleza sea sacrificada a la tecnología. Pero si el hombre precisa de aquélla, es obvio que se impone un replanteamiento. Nace así el Manifiesto para la Superviven cia, un programa que, pese a sus ribetes utópicos, es a juicio de los firmantes la única alternativa que le queda al hombre contemporáneo. Según él, el hombre debe retornar a la vida en pequeñas comunidades autoadministradas y autosuficientes, los países evolucionados se impondrán el «desarrollo cero» y procurarán que los pueblos atrasados se desarrollen equilibradam ente sin incurrir en sus errores de base. Esto no supondría renunciar a la técnic a, sino embridarla, someterla a las necesidades del hombre y no imponerla como meta. De esta manera, la actividad industrial no vendría dictada por la sed de poder de un capitalism o de Estado ni por la codicia veleidosa de una minoría de gr andes capitalistas. Sería un servicio al hombre, con lo que automáticamente dejarí an de existir países imperialistas y países explotados. Y, simu ltáneamente, se procuraría armonizar naturaleza y técnica de forma que ésta, aprovechando lo s desperdicios orgáni cos, pudiera cerrar el ciclo de producción de una manera racional y ordenada.
Tales conquistas y tales frenos, de los cu ales apenas se advierten atisbos en los países mejor organizados, imprimirían a la vida del hombre un sentido distinto y alumbrarían una sociedad estable, donde la economía no fuese el eje de nuestros desvelos y se diese preferencia a ot ros valores específicamente humanos.
Esto es, quizá, lo que yo intuía vagamente al escribir mi novela El camino en 1949, cuando Daniel, mi pequeño héroe, se resistía a integrarse a una sociedad despersonalizada, pretendidamente progre sista, pero, en el fondo, de una mezquindad irrisoria. Y esta intuición, cuyos principios, auténticamente revolucionarios, fueron luego formulados por un plantel respetable de sabios humanistas, es lo que indujo a algunos co mentaristas a tachar de reaccionaria mi postura. Han sido suficientes cinco lustros para demostrar lo contrario, esto es, que el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre , ni en destruir la Naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en cris is, y establecer las relaciones Hombre- Naturaleza en un plano de concordia.
He aquí mi credo y, por hacerlo compre nder, vengo luchando desde hace muchos años. Pero, a la vista de estos postul ados, ¿es serio afirmar que la actual orientación del progreso es la congruen te? Si progresar, de acuerdo con el diccionario, es hacer adelanta mientos en una materia, lo procedente es analizar si estos adelantamientos en una materia impl ican un retroceso en otras y valorar en qué medida lo que se avanza justifica lo que se sacrifica.
El hombre, ciertamente, ha llegado a la Luna pero en su organización político-social continúa anclado en una ardua disyuntiva: la explotación del hombre por el hombre o la anulación del individuo por el Estado . En este sentido no hemos avanzado un paso. Los esfuerzos inconexos de alguno s idealistas -Dubcek 1968 y Allende 1973- no han servido prácticamente de nada. A pesar de nuestros avances de todo orden en política, la experimentación constituye un privilegio más de los fuertes. Perfil semejante, aún más negativo, nos ofrece el tan cacareado progreso económico y tecnológico. El hombre, arrullado en su comfortabilidad, apenas se preocupa del entorno.
La actitud del hombre contemporáneo se as emeja a la de aquellos tripulantes de un navío que, cansados de la angostura e in comodidad de sus camarotes, decidieron utilizar las cuadernas de la nave para ampliar aquéllos y amueblarlos suntuosamente. Es incontes table que, mediante esta actitud, sus particulares condiciones de vida mejorarí an, pero, ¿por cuánto tiempo ? ¿Cuántas horas tardaría este buque en irse a pique -arrastrando a culpables e inocentes- una vez que esos tripulantes irresponsables hubieran destruido la arquitectura general de la nave para refinar sus propios compartimientos?
He aquí la madre del cordero. Porque ah ora que hemos visto su ficientemente claro que nuestro barco se hunde -y a tratar de aclararlo un poco más aspiran mis palabras-, ¿no sería progresar el admitirlo y aprontar los oportunos remedios para evitarlo?
El hombre, obcecado por una pasión domi nadora, persigue un beneficio personal, ilimitado e inmediato y se desentiende del futuro. Pero, ¿cuál puede ser, presumiblemente, ese futuro? Negar la posibilidad de mejorar y, por lo tanto, el progreso, sería por mi parte una ligereza; condenarlo, una neceda d. Pero sí cabe denunciar la dirección torp e y egoísta que los rectores del mundo han impuesto a ese progreso.
Así, quede bien claro que cuando yo me refiero al prog reso para ponerlo en tela de juicio o recusarlo, no es al progreso estabilizador y humano -y, en consecuencia, deseable- al que me refiero, sino al sentido que se obstinan en imprimir al progreso las sociedades llamadas civilizadas.
1 EL PROGRESO CONTRA EL HOMBRE
Todos estamos acordes en que la Ciencia ap licada a la tecnología ha cambiado, o seguramente sería mejor decir revolucionado, la vida mo derna. En pocos años se ha demostrado que el ingenio del hombre, como sus necesidades, no tienen límites.
El espíritu de invención y el refinamien to de lo inventado arrumban objetos que hace apenas unos años nos parecían insupe rables. En la actualidad disponemos de cosas que no ya nuestros abuelos, sino nu estros padres hace apenas cinco lustros hubieran podido imaginar. El cerebro humano camina muy de prisa en el conocimiento de su entorno. El control de las leyes físicas ha hecho posible un viejo sueño de la Humanidad: someter a la Naturaleza.
No obstante, todo progreso, todo impuls o hacia delante comporta un retroceso, un paso atrás, lo que en términos cinegé ticos, jerga que a mí me es muy cara, llamaríamos el culatazo. Y la Física nos dice que este culatazo es tanto mayor cuanto más ambicioso sea el lanzamiento. Esto presupone que tanto la técnica como la Química, como muchos remedios de botica, sabemos lo que quitan pero ignoramos lo que ponen, siquiera no se nos oculta que, en muchas ocasiones, el envés de aquéllas, sus aspectos negativos, se emparejan, cuando no superan, a los aspectos positivos.
Pongamos por caso el DDT. Este descubr imiento alivió, como es sabido, a los soldados de la Segunda Guerra Mundial de la plaga de los parásitos y, una vez firmada la paz, su aplicación en la lucha contra la malaria y otras enfermedades tropicales confirmó su eficacia. La Humanidad no ocultó su entusiasmo; al fin estaba en camino de encontrar la panace a, el remedio para sus males. Bastaron, sin embargo, unos pocos años para descubrir la contrapartida, esto es, los efectos del culatazo.
Hoy, incluso los escolares de buena parte del mundo saben que este insecticida, en virtud de un proceso que ya nos resulta fa miliar se ha incorporado a los organismos animales sin excluir al hombre hasta el punto de que análisis de la leche de jóvenes madres efectuados por biólogos compañer os de mis propios hijos han demostrado que nuestros lactantes son amamantados, en proporción no desdeñable, con DDT. Los suecos, gente amante de las estadísticas, nos dicen que la leche de algunas madres de aquel país contiene un 70 % más de insecticida que el nivel tolerado por la Salubridad Pública para la leche de vaca.
Algo semejante cabría de cir de algunas conquistas técnicas encaminadas a satisfacer los viejos anhelos de ubicui dad del hombre: automóviles, aviones, cohetes interplanetarios. Tales invenciones aportan, sin duda, ventajas al dotar al hombre de un tiempo y una ca pacidad de maniobra impensables en su condición de bípedo, pero, ¿desconocemos, acaso, que un aparato supersónico que se desplaza de París a Nueva York consume durante la s seis horas de vuelo una cantidad de oxígeno aproximada a la que, durante el mismo tiempo, ne cesitarían 25.000 personas para respirar?
A la Humanidad ya no le sobra el oxígen o, pero es que, además, estos reactores desprenden por sus escapes infinidad de pa rtículas que interfieren las radiaciones solares, hasta el punto de que un equipo de naturalistas desplazado durante medio año a una pequeña isla del Pacífico para estudiar el fenómeno, informó en 1970 al Congreso de Londres, que en el tiempo que llevaban en funcionamiento estos aviones, la acción del Sol luminosa y calorífica había decrecido aproximadamente en un 30 %, con lo que, de no adoptarse el oportuno correctivo, no se descartaba la posibilidad de una nueva glaciación.
Pero, ¿y la Medicina?, argüirán los op timistas. ¿También tiene usted alguna objeción que hacer al desarrollo de la Me dicina? ¿No se ha doblado, en un breve lapso, el promedio de la vida humana? ¿No nos anuncian cada día los periódicos, con grandes titulares, nuevo s triunfos sobre el dolor y la muerte? Esto es incontestable. He aquí un punto en el que negar el progreso sería negar la evidencia.
Las conquistas de la Medicina y la Higiene en el último período histórico no sólo son plausibles sino pasmosas. Las enfermedad es infecciosas han sido prácticamente erradicadas y se han conseguido notables progresos en aquellas otras de origen genético. Todo esto, repito, es incuestionable.
Empero la contrapartida de estos éxitos también se da, y aunque parezca paradójico, deriva de su misma eficacia . La Medicina en el último siglo ha funcionado muy bien, de tal forma que ho y nace mucha más gente de la que se muere. La demografía, entonces, ha es tallado, se ha producido una explosión literalmente sensacional. A una población estancada hasta el siglo XVII en 600 o 700 millones, ha sucedido un crecimiento le nto pero inexorable, hasta conseguir, tras el descubrimiento de los antibióticos, doblarla en los últimos treinta años. Esto supone que, prescindiendo de posibl es nuevos avances en este campo, y ateniéndonos al: ritmo alcanzado, la po blación mundial se duplicará cada seis lustros, lo que equivale a decir que los 3.500 millones de personas de 1970, se convertirán en 56.000 antes de finalizar el siglo XXI, esto es, si no yerro en la cuenta, la población actual, más o menos, multiplicada por catorce.
La pregunta irrumpe sin pedir paso: ¿va a dar para tantos la despensa? Si este progreso del que hoy nos jactamos no ha conseguido atenuar el hambre de dos tercios de nuestros semejantes, ¿qué se puede esperar el día, que muy bien pueden conocer nuestros nietos, en que por cada hombre actual haya catorce sobre la Tierra?
La Medicina ha cumplido con su deber; pero al posponer la hora de nuestra muerte, viene a agravar, sin quererlo, los problema s de nuestra vida. La Medicina, pese a sus esfuerzos, no ha conseguido cambiarn os por dentro; nos ha hecho más pero no mejores. Estamos más juntos -y aún lo estaremos más- pero no más próximos.
2 HOMBRES ENCADENADOS
Para nuestra desgracia, el culatazo del progreso no sólo empaña la brillantez y eficacia de las conquistas de nuestra era. El progreso comporta -inevitablemente, a lo que se ve- una minimización del ho mbre. Errores de enfoque han venido a convertir al ser humano en una pieza má s -e insignificante- de este ingente mecanismo que hemos montado. La tecnocra cia no casa con eso de los principios éticos, los bienes de la cultura humanista y la vida de los sentimientos.
En el siglo de la tecnología, todo eso no es sino letra muerta. La idea de Dios, y aun toda aspiración espiritual , es borrada en las nuevas generaciones -seguramente porque la aceptación de estos principios no enalteció a las precedentes- mientras los estudios de Humanidades, por ceñirme a un punto concreto, sufren cada día, en todas partes, una nueva humillación. Es un hecho que las Facultades de Letras sobreviven en los países más adelantado s con las migajas de un presupuesto que absorben casi íntegramente las Facultades y Escuelas técnicas.
En este país se ha hablado de suprimir la literatura en los estudios básicos - olvidando que un pueblo sin literatura es un pueblo mudo- porque, al distraer unas horas al alumnado, distancia la consecución de unas cimas científicas que, conforme a los juicios de valor vigentes, resultan más rentables. Los carriles del progreso se montan, pues, sobre la idea del provecho, o lo que es lo mismo, del bienestar. Pero, ¿en qué consiste el bienestar? ¿Qué entiende el hombre contemporáneo por «estar bien»?
En la respuesta a estas interrogantes no es fácil el acuerdo. Ello nos desplazaría, por otra parte, a ese otro complejo problema de la ocupación del ocio. Lo que no se presta a discusión es que el «estar bien » para los actuales rectores del mundo y para la mayor parte de los humanos, cons iste, tanto a nivel comunitario cómo a niveles individuales, en disp oner de dinero para cosas. Sin dinero no hay cosas y sin cosas no es po sible «estar bien» en nuestros días.
El dinero se erige así en símbolo e ídolo de una civilización. El dinero se antepone a todo; llegado el caso, inclus o al hombre. Con dinero se montan grandes factorías que producen cosas y con dinero se adquie ren las cosas que producen esas grandes factorías. El hecho de que esas cosas sean necesarias o superfluas es accesorio. El juego consiste en producir y consumir; de tal modo que en la moderna civilización, no sólo se considera honesto sino inteli gente, gastar uno en producir objetos superfluos y emplear noventa y nueve en persuadirnos de que nos son necesarios.
Ante la oportunidad de multiplicar el dinero -insisto, a todos los niveles-, los valores que algunos seres aún respetamos, son sacrificados sin vacilación. Entre la supervivencia de un bosque o una laguna y la erección de una industria poderosa, el hombre contemporáneo no se plante a problemas: optará por la segunda. Encarados a esta realidad, nada pued e sorprendernos que la corrupción se enseñoree de las sociedades modernas. El viejo y deplorable aforismo de que cada hombre tiene su precio alcanza así un sentido literal, de plena y absoluta vigencia, en la sociedad de nuestros días.
Esta tendencia arrolladora del progreso se manifiesta en todo s los terrenos. Yo recuerdo que allá por los años 50, un ridículo concepto de la moral llevó a este país a la proscripción de las playas mixtas y la imposición del albornoz en los baños públicos para preservar a los españole s del pecado. Se trataba de una moral pazguata y atormentada, de acuerdo, pero, era la moral que oficialmente prevalecía. Fue suficiente , empero, el descubrimient o de que el desnudismo aportaba divisas para que se diera paso franco a la promiscuidad soleada y al «bikini». El dinero triunfaba también sobre la moral.
Y ¿qué decir de los trabajos rutinarios, embrutecedores, sobre los que se organiza hoy la gran industria?
La eficacia, la producción espectacular -o, lo que es lo mismo, el dinero- se antepone igualmente a la integridad y la dignidad humanas. Fabricar un hombre es una actividad infinitamente más sencilla y agradable que fabricar un automóvil, con lo que nunca ha de faltar el recambio para un hombre inutilizado. Sobre esta base, nace y se extiende la fabricación en se rie, en cadena, dónde no cuentan más que los resultados. Las nobles advertencias de Charles Chaplin al respecto, en el primer tercio del siglo, es decir cuando aún era tiempo de reflexión, quedaron como una obra de arte, sin ningun a trascendencia práctica.
Así, paralelamente a la producción de cosas, se iban produciendo frustraciones también en cadena. La serie facilita una compensación pendul ar: si, por un lado, destruye al hombre al anular su amor por la obra bien hecha, por el otro, facilita la consecución de esa obra y esto, cerrar el cicl o, es lo que en definitiva interesa al orden económico de nuestro ti empo. El hecho de que la serie fabrique, de rechazo, hombres en serie y la cadena, hombres en cadenados, no nos desazona porque no interrumpe la marcha del progreso.
Simultáneamente, el desarroll o exige que la vida de estas cosas sea efímera, o sea, se fabriquen mal deliberadamente, supuesto que el desarrollo del siglo XX requiere una constante renovación para evitar que el monstruoso mecani smo se detenga. Yo recuerdo que antaño se nos incitaba a co mprar con insinuaciones macabras cuando no aterradoramente escatológicas: «Este traje le enterrará a usted», «Tenga por seguro que esta tela no la gasta».
Hoy no aspiramos a que ningún traje nos enti erre, en primer lugar porque la sola idea de la muerte ya nos estremece y, en segundo, porque unas ropas vitalicias podrían provocar el gran cola pso económico de nuestros días.
Con la superfluidad es, por tanto, la fungibilidad la nota característica de la moderna producción, porque, ¿qué suce dería el día que todos estuviéramos servidos de objetos perdurables? La gran crisis, primero, y, después el caos. Apremiados por esta exigencia, fabricamos , intencionadamente, telas para que se ajen, automóviles para que se estropeen, cuchillos para que se mellen, bombillas para que se fundan.
Es la civilización del consumo en estado puro, de la incesante renovación de los objetos -en buena parte, innecesarios- y, en consecuencia, del desperdicio. Y no se piense que este pecado -gra ve sin duda- es exclusivo de l mundo occidental puesto que, si mal no recuerdo, Kruschev decl araba en sus horas altas de 1955 que la meta soviética era alcanzar cuanto antes el nivel de consumo americano. El primer ministro ruso venía a reconocer así que si el delirio consumista no había llegado a la URSS no era porque no quisiera sino porq ue no podía. Sus aspiraciones eran las mismas.
En rigor, ambas sociedades, la oriental y la occidental, no son fundamentalmente diferentes, en este punto.
Aceptado lo antedicho, no parece gratuito afirmar que, salvo en unos millares de científicos y hombres sensibles repartidos por todo el mundo, el progreso se entiende hoy de manera análoga en todas partes. El desarrollo humano no es sino un proceso de decantación del material ismo sometido a una aceleración muy marcada en los últimos lustros.
Al teocentrismo medieval y al antropoc entrismo renacentista ha sucedido un objeto-centrismo que, al eliminar todo se ntido de elevación en el hombre le ha hecho caer en la abyeccíón y la egolatría.
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